Género y vulnerabilidad social: la construcción de un discurso transversal

Tomás López Ramírez1
Coordinado por Alicia Ramírez Olivares2



La periferia



No se piden derechos diferentes para personas diferentes, se requiere que los derechos existentes apliquen para todas las personas sin importar su condición física, social y sexual. En la actualidad es fácil emitir juicios hacia quienes manifiestan su interés por defender los estudios de género; incluso llegamos a creer que estos son innecesarios pues resulta sencillo olvidar lo complicado que ha sido llegar hasta donde nos encontramos hoy en día. Sin embargo, resulta absurdo pensar que hemos agotado los estudios sobre género, cuando al observar nuestro entorno inmediato encontramos evidencias abrumadoras de desigualdad. En efecto, la crítica feminista ha logrado cambios significativos que han permitido a las mujeres diferentes oportunidades otrora inexistentes. No obstante, hasta hace algunas décadas estos trabajos se encontraban orientados a mujeres blancas, heterosexuales y de clase media, negándole importancia a la raza, la orientación sexual y la clase social. Estos aspectos caracterizan las causas por las que los cuerpos femeninos de la periferia son los menos beneficiados en la lucha por los derechos de las mujeres. Desde el comienzo de este proceso las y los académicos se interesaron en las mujeres en la periferia quienes, dada su condición biológica y social, se encuentran en un estado de vulnerabilidad.

En este sentido, el presente escrito reúne diferentes elementos cuyos fines discursivos contribuyeron a la construcción de un proyecto que se enfoca en la vida de las mujeres afromestizas e indígenas del estado de Guerrero que se encuentran en estado de vulnerabilidad. Este proyecto busca darle visibilidad a diferentes aspectos de la vida social de estas mujeres y hacerlas parte de la discursividad guerrerense, cuidando no caer en la simplicidad de la práctica sino profundizar en un análisis que explique la abstracción del cuerpo femenino por el cuerpo femenino, la apropiación de los espacios, la mujer como sujeto subalterno y el silencio de los discursos.

Guerrero


A pesar de que en Guerrero se han iniciado los estudios de género en comunidades indígenas y afromestizas, nos hemos estancado en una forma descriptiva que, en muchas ocasiones, no incita a la reflexión. Las y los académicos han olvidado que mientras pueden ser distinguidos por sus trabajos, los grupos subalternizados no tienen carácter operativo; en otras palabras, estas mujeres solo crean un aura de especificidad narrativa. Pero, ¿en qué nos basamos para decir que esta parte de la población ha quedado excluida no solo del discurso dominante en general, sino también de cierta discursividad feminista en particular? Nuestra justificación responde a la inexistencia de estos discursos, necesarios para la construcción de nuevas posibilidades para estas comunidades.

Se eligieron, por conveniencia, dos comunidades guerrerenses vulnerables debido la hibridez de sus cuerpos y su situación de bienestar social: la comunidad afromestiza de Maldonado, un poblado de la Costa Chica que se ubica en el municipio de Cuajinicuilapa, y la comunidad semi-indígena de Cuonetzingo, que pertenece al municipio de Chilapa de Álvarez. De acuerdo con los indicadores Federales (CONEVAL), a los habitantes de estas comunidades se les considera grupos vulnerables debido a la incapacidad de aprovechar oportunidades en distintos ámbitos socioeconómicos que permitan mejorar su situación de bienestar o bien impedir su deterioro.

La lectura de los cuerpos

Maldonado en el olvido

Al entrar a la Costa Chica de la entidad puede observarse la ruralidad de sus comunidades. Conforme nos acercamos, notamos que un gran número de los negocios son atendidos por mujeres negras. Nuestro viaje continuó hasta arribar a una comunidad que se localiza en el municipio de Cuajinicuilapa, Guerrero.3 Maldonado posee una población afromestiza mayoritaria, tiene un clima cálido subhúmedo y alberga a más de 2,000 habitantes, pero cuenta con solo unos cientos de viviendas que en su mayoría carecen de infraestructura de calidad. Sus calles son de tierra, las viviendas no cuentan con un sistema de drenaje y, en promedio, la población tiene una escolaridad incompleta. Todos estos son indicadores del estado de vulnerabilidad social en la que viven. Su integración a un sector poblacional más desarrollado dentro del estado de Guerrero no ha sido fácil ya que no se ha logrado mejorar su condición económica y social, a pesar de su longevidad.



Bajo los intensos rayos del sol y con una cubeta sobre su cabeza, las mujeres en busca de un ingreso económico salen a vender a las calles. Usualmente venden los productos que cosechan en sus tierras. Las escasas tiendas, que normalmente llevan el nombre de sus dueñas, son negocios propios de mujeres. Cerca de las aguas estancadas encontramos algunas mujeres colaborando en las tareas del campo, ya sea recogiendo los productos o limpiando alguna parte de sus terrenos. También observamos a hombres y mujeres viajar por las calles de Maldonado en la camioneta policial, portando el uniforme característico. Ahí pudimos constatar la integración de las mujeres en la policía comunitaria: la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC). Por lo que además de colaborar en diferentes actividades productivas, estos cuerpos femeninos deben cumplir con los quehaceres de la casa, mismos que resultan un tanto complicados por la escasez de servicios públicos.



Cuonetzingo, perdido entre la niebla

Conforme nos acercamos al corazón de Cuonetzingo los espacios entre las casas comenzaron a estrecharse y las calles a llenarse de piedras pequeñas. Los hogares eran simples, solo algunos contaban con servicios de drenaje. El frío era acogedor y las escasas viviendas surgían entre la niebla como diminutas columnas grises en la montaña. Tlapayaucle4 nos dificultó la estadía en aquel lugar, pero eso no nos hizo desistir en explorar sus recónditos espacios. Hace algunos años el gobierno federal comenzó a pavimentar las calles: empezaron por el centro de la comunidad y continuaron hasta que se quedaron sin material, sin embargo muchas siguen agrietadas y llenas de baches. El acceso a la educación es complicado debido a la situación económica de las familias. Las pocas escuelas que existen son de baja calidad y muchos niños y jóvenes no asisten porque su lengua materna es náhuatl y las clases se imparten en español.

Nuestro recorrido se detuvo delante de una pequeña tienda, al ver a una mujer que iba tejiendo cinta mientras atravesaba la calle sin distracción alguna. La detuve y comencé a hablarle. Empezamos a caminar y arribamos al comedor comunitario, ahí encontramos a otras mujeres tejiendo cinta y atendiendo la instalación. No vimos a ningún hombre en aquel lugar. Estas mujeres nos dieron la oportunidad de conocer su trabajo con la hoja de palma, un trabajo que les permite generar un ingreso económico. En aquellas instalaciones pudimos conocer más sobre las labores de los cuerpos femeninos en diferentes aspectos de esta esfera social: preservar su lengua, comercializar la cinta, realizar diversas actividades realizadas en el campo y, aunque nunca lo mencionaron como tal, llevar a cabo las labores del hogar. Decidimos pasar un día más entre la niebla que cubría más de la mitad de aquel poblado; al pasar la lluvia, profundizaríamos en sus actividades.



La apropiación de los espacios

Espacio y mujeres afromestizas

Porque si tú existieras, tendría que existir yo también. Y eso es mentira

A partir de sus acciones las mujeres negras se apropian de diferentes espacios, tanto privados como públicos. Los hombres de estas comunidades cuentan, de manera simplista e irrelevante, que otrora la mujer se dedicaba a cocinar y lavar mientras que estas mujeres argumentan que anteriormente los quehaceres del hogar eran muy complicados porque tenían que acarrear agua, juntar leña y caminar horas para poder lavar sus ropas. Parafraseándolas, hoy en día la mujer tiene menos chinga. También pudimos observar que la percepción del hombre desvaloriza las actividades del hogar que realizan las mujeres. Como bien dice María de Salle “si los hombres parieran, gran cosa fuera”. Cuando se trata de mujeres solteras, estas lideran a sus familias y ocupan el rol principal dentro del hogar. La crisis económica que existe en el medio rural impulsa a las mujeres a jugar un papel como productoras de bienes básicos o comerciantes: recurren a diversas estrategias para lograr la subsistencia de sus familias y su colaboración en las labores del campo es importante. Sin embargo, como muestran los indicadores de pobreza, educación e inclusión laboral, las mujeres negras sufren una aguda y silenciosa discriminación. Incluso cuando tratamos de abordar los temas de género, todavía está presente la invisibilización de estas experiencias desde la crítica feminista, dado que suelen asignarles un carácter secundario a sus necesidades y demandas raciales específicas. Estas mujeres ilustran esta situación al decir “quizás por negras o por peladas, pero aquí apoyo no hay”.


El fenómeno de la migración presentó su momento más ruidoso hace algunos meses en Maldonado. La oportunidad de emerger de su aislamiento permitió a sus habitantes abandonar la periferia en busca de mejores condiciones de vida. El número de mujeres quedejaron Maldonado supera por mucho al de los hombres, incluso hubo quienes abandonaron a sus parejas. Actualmente emigran a EEUU donde cambian su forma de vida; las nuevas oportunidades de trabajo e ingresos les procuran una nueva condición de bienestar social.

La integración de las mujeres a la policía comunitaria ha sido de suma importancia pues les permite pasar de la invisibilidad a ser sujetos de derecho, a fin participar en las decisiones, hacer justicia y llegar a ocupar cargos que antes no habían alcanzado: “también son cabronas”, en palabras de Tomás Chávez, comandante de la CRAC. Las mujeres han participado en los movimientos sociales desde la Revolución, solo que en muy pocas ocasiones se escribe sobre su participación en la historia. Hasta este momento hemos de observar nuestra intención de deconstruir la invisibilización de mujeres afromestizas e indígenas y reconocerlas como sujetos sociales.



Espacio y mujeres indígenas

Cuerpos que importan

Las mujeres de Cuonetzingo forman los espacios según sus diferentes actividades, mismas que les permiten apropiarse de ellos. Sin embargo, la discusión sobre la oportunidad de que estos cuerpos formen parte del espacio público apenas inicia. Ellas realizan actividades según las características de su región: la principal es tejer cinta. Sin importar si están caminando, viendo la televisión o platicando, las encontramos tejiendo. Una actividad que realizan en tanto sus manos se los permitan. La cinta es extraída de hojas de palma, estas las consiguen ellas mismas o les son entregadas por comerciantes, y se vende por la mínima cantidad de 3 pesos por cada 30 metros de cinta. Pocas son las mujeres que han aprendido a hacer artesanías con la cinta pues, en su mayoría, esta es comprada por personas ajenas, quienes la procesan y distribuyen en lugares turísticos. Además, las mujeres son quienes atienden las instalaciones del comedor comunitario. En cuanto a las actividades del campo, parafraseando a una de ellas, hombres y mujeres trabajan parejo. En esta época es común ver a muchas mujeres abonar las milpas: primero lo hacen con sulfato, después con una mezcla de granulado y posteriormente participan en la limpieza de los cultivos. Hay familias que también siembran frijol y calabaza. Algunas mujeres también cuidan sus manadas de chivos y atienden las labores del hogar. Estas actividades permiten la combinación de ocupaciones en la producción agrícola, ganadera y artesanal.



La crianza de los hijos le permite a las madres enseñarles náhuatl. En esta comunidad más del 20% de la población aún habla esta lengua. Sin embargo, en las escuelas no existen docentes que intenten preservar este patrimonio cultural; por el contrario, el proceso de aprendizaje resulta más difícil para quienes no hablan español, por lo que muchos optan por dejar la escuela. Incluso en las tiendas de Cuonetzingo les han negado la venta de productos a niños que no hablan “el mexicano”, argumentando que no les entienden.



Entre la transgresión y la abstracción

Las y los estudiosos en temas de equidad señalan que si no hay una transgresión en una constante no podría aplicarse perspectiva de género. Sin embargo, los cuerpos femeninos de la periferia también son transgresores del desiderátum.5 Al conocer la vida de estas mujeres pudimos constatar que existe una transgresión al apropiarse de los espacios, pero a pesar de esto se hace presente una abstracción del cuerpo femenino por el cuerpo femenino. A través de un análisis de la discursividad, constatamos que estos cuerpos se protegen a sí mismos para cuidarse de no convertirse en transgresores, aunque lo sean. Debido a los límites del espacio para este escrito, citaremos a continuación únicamente un breve ejemplo: la transgresión del desiderátum podría pensarse como un fenómeno del cual dan cuentan las poblaciones del centro o las más urbanizadas, sin embargo, esto se puede observar también en la Costa Chica. En Maldonado escuchamos la historia de vida de una mujer que nos ilustró con las siguientes palabras: “Nos llaman peladas porque no nos dejamos; me dicen puta porque me gusta divertirme. Y es cierto”. El goce de la sexualidad es derecho de todos, tanto hombres como mujeres debemos disfrutar de ella. Lo anterior está relacionado con lo que Marta Lamas nos explica sobre el disfrute de la sexualidad de la mujer, donde argumenta que la denominación de puta se ha utilizado para denigrar a la mujer por el simple hecho de ser dueña de su placer.

El ejemplo anterior ilustra la transgresión de los roles sociales y la presencia del fenómeno de la abstracción. Lo que resultaría interesante discutir es si estos cuerpos subalternizados realmente están dispuestos a aceptar esta transgresión. Aunque en este momento intentemos darles visibilidad a estas mujeres, ellas jamás decidieron que fuésemos nosotros quienes podían hablar por ellas.


Notas Finales

¿Puede hablar la subalterna? Puede hacerlo, pero su lugar de enunciación no le permite formar parte de la discursividad pública guerrerense. La lectura de estos cuerpos femeninos nos permitió crear un aura de especificidad narrativa para entender que la mujer es un miembro activo en diferentes aspectos de esta esfera social. Esta particular visibilización busca provocar una reflexión sobre la escasa presencia de las mujeres subalternizadas en el discurso dominante y, asimismo, reconocer su papel dentro de dicha discursividad. Esto es necesario para que mediante estas prácticas discursivas pueda incluirse una perspectiva de género. Sin embargo ¿hasta qué punto será posible incluir una perspectiva de género sin transgredir la organización comunitaria? ¿No sería deseable explorar estos caminos para buscar la equidad y mejorar su condición de bienestar social? Para Eduardo Galeano, los ninguneados se vuelven recursos humanos en tiempos electorales, pero en la cotidianidad de sus vidas son sujetos olvidados, en particular las las mujeres afromestizas, que sufren este fenómeno por su doble condición: la hibridez de su cuerpo y el simple hecho de ser mujer.

La crítica feminista, como argumenta Elaine Showalter, había operado bajo los valores de una sociedad patriarcal o bien, como presupone el post-feminismo, se había centrado en mujeres heterosexuales, blancas y de clase media. ¿Cuáles son los cuerpos que importan? ¿Qué hace irrelevante a los cuerpos femeninos en la periferia? Así como Butler plantea que las teorías sobre el constructo nefasto de lo femenino tienen una matriz heterosexual, esta misma matriz heterosexual dominante ha excluido a las mujeres subalternizadas del discurso general. Esta aproximación surge de los planteamientos de Judith Butler sobre el cuerpo y la sexualidad a partir de un constructo material; sin embargo, estos cuerpos que importan van más allá de la materialidad. Nos referimos a estos cuerpos subalternos, quienes desde la periferia suponen el devenir de una subjetividad donde su voz es la existencia.

Bibliografía requerida para contextualizar el presente artículo

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1Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Guerrero.
2 Dra. en Literatura Hispanoamericana, Profesora investigadora en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
3 Cuajinicuilapa fue denominado primer pueblo afrodescendiente.
4 Tlapayaucle es la denominación para días lluviosos continuos en Cuonetzingo.
5 Lo socialmente aceptado.