24 instantes
de una Primavera Violeta

Fabrizzio Guerrero Mc Manus
Fotografías: Tatiana Sotres




En algún sentido, todas y todos lo sabíamos. México vive una ola de violencia feminicida que debiera escandalizarnos. Según el INEGI, en 2011, 63 de cada 100 mujeres mayores de 15 años declararon haber padecido algún incidente de violencia. Y si este dato nos sorprende, qué decir de este otro: entre 2013 y 2014 cada día fueron asesinadas siete mujeres1. Estas son solo algunas entre muchas otras estadísticas que documentan ese algo que todas y todos sabíamos; pero su escala y su normalización terminan por ocultar una realidad oprobiosa, a saber, que en México el machismo mata y violenta, pero también oculta y trivializa su propio actuar.

El ocultamiento y la normalización serían denunciados el 23 de abril en Twitter cuando el hashtag #MiPrimerAcoso se volvió TrendingTopic, es decir, uno de los temas más comentados entre las usuarias y los usuarios de esta red social. Decenas de miles de historias resumidas en 140 caracteres revelaron una faceta emocional y testimonial de estas violencias que a muchas y muchos nos sacudió. Como dice Sarah Ahmed (2015), uno de los sentidos del término “testimonio” remite a la idea de superstes, término latino que designa a quien sobrevive. Estos mini-relatos lograron transmitir las vivencias de aquellas sujetas cuya individualidad se disuelve en el anonimato de una estadística que, si bien es útil, es incapaz de transmitir la dimensión emocional y corporal de un acto violento que es, siempre, un acto violento ante alguien concreto; alguien que —a veces— lo sobrevive.

De allí que, como también nos lo recuerda Ahmed, el feminismo —en sus múltiples avatares— no pueda perder de vista el sentir ni el cuerpo y mucho menos el rostro de las sujetas y sujetos que busca dignificar. Resulta imposible transmitir lo que fue la marcha del 24A, de ese 24 de abril de 2016 que, espero, haya hecho época. No intentaré, por tanto, narrar un evento que, por su propia dinámica, se deslocaliza en tiempo y espacio. Apostaré por seguir el ejercicio del mini-relato, porque creo que le hace más justicia a un fenómeno cuya dinámica clausura toda posibilidad de localizarlo, de acotarlo.

Y es que este fenómeno de marchar, de salir ese 24A, se deslocaliza porque es difícil señalar cuándo comienza, y no porque no podamos rastrear a las organizadoras y los espacios en los cuales se reunieron —gracias a La Gozadera por servir de escenario a un nuevo/viejo feminismo militante y de calle—, sino porque sería imposible saber qué llevó a cada manifestante a marchar ese día; sería imposible saber las historias de vida que allí confluyeron y las lecturas que hacían de ese acto colectivo. Es imposible, asimismo, delimitar si el hashtag #MiPrimerAcoso debe incluirse como una suerte de preludio colectivo que interpeló la furia, la solidaridad, el enojo, el amor y la empatía que, un día después, se encontraron transitando por Reforma, o si, por el contrario, este fue un fenómeno en paralelo que virtualizó y extendió por todo México lo que de otra forma se hubiera circunscrito a algunas cuantas ciudades. Finalmente, es inútil intentar encontrar un momento de cierre para ese acontecimiento que, por tanto, se habría extendido por días y semanas en esas mismas redes sociales donde se debatió su significatividad a la luz de un palimpsesto de lecturas no todas ellas reconciliables.

Quizá sea algo bueno que el 24A se deslocalizara; quizá de esa manera puede irse decantando en diversas cotidianidades que se verán, de una u otra forma, interpeladas por este. Quizá si este acontecimiento se queda abierto su fuerza no pueda volverse el polvo de esos libros de historia que narran hechos muertos. En cualquier caso, no intentaré esa aproximación totalizante que estabiliza lecturas sino, por el contrario, mencionaré 24 instantes de ese 24.

1http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2015/violencia0.pdf